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Detalle de una hoguera de San Juan

A San Juan, unos bien y otros mal

Humo y saltos en las hogueras. Fiesta y celebración alrededor del fuego que reúne a la infancia, a las personas mayores y a la juventud en cada pueblo y barrio de Nafarroa para celebrar la noche más corta del año. Se intuye la llegada del verano, del calor y de las vacaciones, con todas las personas atraídas por la magia del fuego.

 

Y es que la noche del 23 de junio, quien más quien menos, la tenemos guardada en nuestros recuerdos como una noche muy especial.  Desde hace muchas generaciones nuestros antepasados se reunían en torno a ellas para celebrar el paso de un ciclo a otro, el solsticio de verano.

Es el día con más horas de luz de todo el año. O de menos oscuridad, como se quiera ver. Y es un hito muy importante, por eso a día de hoy lo seguimos celebrando frente al fuego comiendo, bebiendo y cumpliendo con el ritual de saltar la hoguera. Un ritual que significa renovación y cambio a través de la purificación del fuego, idea ancestral donde las haya.

Foto: Hoguera de San Juan. Imagen: Diario de Noticias.

El fuego siempre ha tenido un gran significado en nuestra cultura. Ha sido un elemento temido, pero también venerado. Ha sido una de las principales tecnologías imprescindible en la evolución de la humanidad. Durante miles de años ha acompañado a las personas como fuente de calor y energía. Ha permitido cocinar alimentos, trabajar materiales y hacer habitable el territorio.

Siempre estuvo ahí cumpliendo su función y su relación con él, era una relación equilibrada. Ahora quizás tengamos una percepción más estigmatizada, sobre todo en lo que se refiere a la naturaleza, por los tan temidos incendios forestales habituales de las fechas veraniegas.

Incendios, según los datos, cada vez más numerosos y cada vez más devastadores. Lo estamos comprobando estos últimos veranos de récord de temperaturas y canículas. Las causas parecen ser multifactoriales, y tiene mucho que ver con el estado de los montes en los lugares donde desaparece el ganado, y en general las actividades y ecosistemas que se han mantenido en equilibrio durante toda la vida. El aumento de temperaturas, la sequía y la escasez de lluvias o nieve en las épocas que han de darse colaboran significativamente en que esto sea así.

Y aquí es donde la labor preventiva cobra especial relevancia en el trabajo que llevamos a cabo entidades como OREKAN, dedicadas al estudio y conservación del medio ambiente.

En OREKAN nos encargamos de los tratamientos selvícolas, realizando desbroces y la creación o mantenimiento de cortafuegos y fajas auxiliares para evitar la propagación de las llamas. También llevamos a cabo iniciativas en colaboración con otras entidades como la UPNA y Caja Rural de Navarra, como el Proyecto PASTORALI. Una iniciativa de pastoreo ambiental para reducir la vegetación leñosa en la montaña pirenaica usando ganado, creando así paisajes menos propensos a grandes incendios y más resilientes frente al cambio climático.

También llevamos a cabo labores restaurativas de zonas previamente afectadas por el fuego (como los bosques CPEN en Lesaka) o programas de educación ambiental para concienciar a los estudiantes sobre el impacto de los incendios.

Y actualmente se está trabajando en la creación de un nuevo equipo para la prevención integral de incendios forestales para dar cobertura a las áreas más afectadas por el abandono de los aprovechamientos tradicionales y el incremento de combustible forestal. Se prevé que este equipo esté en pleno funcionamiento para finales de este año.

Foto: Incendio en Carcastillo. Imagen: Diario de Noticias.

Toda esta labor que no es poca, a veces resulta insuficiente para intentar evitar la devastación medioambiental que suponen los incendios y las terribles consecuencias para quienes los padecen en primera persona. Por eso mismo es tarea de todas y todas tomar las máximas precauciones para evitar el riesgo de incendios forestales.

 

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