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Imagen del sol asomando entre las nubes

Hasta el 40 de mayo…

…no te quites el sayo. La llegada del mes de mayo parece anunciar la llegada del buen tiempo. Las flores, los colores y los primeros calores. Casi siempre es así. Pero la naturaleza y el clima son sistemas dinámicos y cambiantes. Por eso este refrán ha sobrevivido durante generaciones: porque recuerda algo que seguimos olvidando constantemente: Que el clima tiene tendencias, sí, pero no obediencias.

El mes de mayo es el típico mes que despista. Sobre todo en temas del clima. Es uno de esos meses en los que puedes vivir las cuatro estaciones en una sola semana. A veces incluso en un solo día. De esos días en los que te paras en un semáforo esperando a cruzar, y según levantas la mirada puedes ver a una persona en camiseta, otra en jersey de pico y a otra con plumífero.

Y es que el clima, aunque tenga reglas claras y lógicas, nunca ha sido un sistema rígido. Y mucho menos ahora, tras décadas de intervención humana, como nos demuestra año a año el cambio climático.

Tendemos a pensar en el clima a través de las estaciones y las expectativas que depositamos en cada una de ellas. Expectativas (calor en verano, frío en invierno o lluvia en primavera) que normalmente se cumplen, aunque no siempre es así.

Como el mes de mayo, que es un mes de transición. Un territorio intermedio entre la primavera pasada por agua y el anticipo del calor del verano. Un mes donde conviven todavía la inestabilidad atmosférica y los cambios bruscos de temperatura.

Foto: Noticias de Navarra.

Esa variabilidad forma parte del propio funcionamiento de la naturaleza. Los ecosistemas naturales se desarrollan desde la capacidad de adaptarse. Así ha sido siempre y así ha evolucionado el clima. Pura resiliencia natural.

Los bosques, los suelos, los ríos, la flora o la fauna llevan miles de años adaptándose a ciclos variables. Pero toda resiliencia tiene límites. Y ahí es donde aparece una de las grandes preocupaciones actuales vinculadas al cambio climático. Porque una cosa es la variabilidad natural del clima y otra muy distinta es la alteración constante y acelerada de sus patrones habituales.

Porque la naturaleza siempre ha sido dinámica y cambiante. Pero incluso los sistemas más resilientes necesitan que sus equilibrios básicos se mantengan dentro de unos márgenes. Y hoy, muchos de esos márgenes empiezan a tensionarse de forma peligrosa.

Por eso observar, medir y entender lo que ocurre en nuestros ecosistemas ya no es solo una cuestión científica, sino también una forma de anticiparse y proteger el territorio. Ese es una de las labores que lleva a cabo OREKAN en Navarra: analizar las constantes vitales de la naturaleza para detectar desequilibrios, comprender sus causas y ayudar a mantener la capacidad de adaptación de nuestros ecosistemas frente al cambio climático.

Porque la naturaleza sabe resistir. Lo ha hecho siempre. Pero incluso ella necesita tiempo, equilibrio y ciertos límites para seguir encontrando la manera de adaptarse.

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