Apirila euritsua, maiatza loretsua
Abril nos cae mal. Nada que ver con julio o agosto. Vas a comparar. No es un mes bonito, así en general, porque la lluvia tampoco lo es. Aunque es muy necesaria. Eso sí. Mucho. Como abril. Que sin hacer ruido asume su papel silencioso, casi invisible pero absolutamente necesario para que semanas después, mayo, se lleve todas las sonrisas y parabienes del personal.
"Apirila euritsua, maiatza loretsua" es la descripción perfecta del funcionamiento de la naturaleza. Fases de procesos y equilibrios frágiles para que la magia de la vida se dé. Primero se generan las condiciones, después aparecen los resultados.
En el mes de abril, (ese que nos cae mal), se activan mecanismos fundamentales que no son visibles a simple vista. Y no por ello menos importantes.
El suelo recupera humedad, se estabilizan sus condiciones físicas y químicas y aumenta la actividad biológica permitiendo que los nutrientes estén disponibles y que las plantas inicien su desarrollo en equilibrio con el entorno.
Un equilibrio que no es estático, pero sí preciso: equilibrio entre humedad y temperatura, entre especies, entre ritmos de crecimiento y disponibilidad de recursos…pero ¿qué sucede cuando ese equilibrio se rompe?.
Aparecen desajustes en los ciclos estacionales, períodos de sequía más prolongados, episodios de lluvia intensa concentrada o aumentos de temperatura fuera de época. Cuando las fases no se producen en el orden y/o las condiciones adecuadas, todo empieza a fallar.

En este contexto, cobra especial importancia el trabajo que realiza Orekan, centrado en entender y mantener ese equilibrio a pesar de las alteraciones que provoca el cambio climático.
Una parte fundamental consiste en leer el territorio. Esto implica recoger de datos, tomar muestras y analizar distintas variables, como la composición del suelo, la evolución de hábitats o los cambios en las dinámicas naturales.
Otra línea de trabajo clave es la identificación y registro de fauna, utilizando determinadas especies como indicadores del estado del ecosistema. Estos registros permiten interpretar si el sistema está funcionando correctamente o si existen desequilibrios que requieren atención.

Se trata de un trabajo técnico, científico y constante, basado fundamentalmente en la observación y análisis de los patrones de datos. No busca resultados inmediatos, sino comprender cómo evoluciona el sistema y actuar en consecuencia. Un trabajo cuyos datos y conclusiones muchas veces son el origen de las políticas de adaptación y mitigación del cambio climático en Navarra.
En ese sentido, se parece más al mes de abril que a mayo.

Porque lo que ocurre en esta fase no es visible, pero es determinante. Preparar, ajustar, mantener. Asegurar que el equilibrio se conserve en un contexto cada vez más cambiante. Cuando ese equilibrio se mantiene, el sistema responde.
Y entonces sí, llega el resultado que todos y todas somos capaces de ver, valorar y apreciar.