La primavera, la sangre altera
Días más largos y amaneceres más tempranos. Y esa profunda sensación de que algo se empieza a reactivar en nuestro interior. Sentimos la sangre circulando por nuestras venas y cómo la vida, una vez más, comienza a florecer. Un despertar que anuncia el final del crudo invierno mientras todo tipo de especies de nuestro ecosistema salen de su letargo. Señores y señoras, se acerca la primavera.
La primavera es el disparo que reactiva la vida a todos los niveles. También en el campo. Suben las temperaturas, los días son más largos y con más horas de luz. A las personas nos cambia el ánimo, mientras el campo también comienza su propio proceso de reactivación. La savia de los árboles empieza a moverse, las raíces reactivan la absorción de nutrientes y aumenta la temperatura del suelo.

Foto: Narcissus bulbocodium en Belate. Imagen: Orekan. Gestión Ambiental de Navarra.
Estas condiciones propician que la actividad microbiana se dispare en el subsuelo. Hongos y bacterias interactúan e inician procesos simbióticos que favorecen la liberación de nutrientes esenciales para que el reino vegetal complete su ciclo.
Un proceso perfecto, con sus tiempos y sus actores principales. Cada uno cumpliendo su cometido en un engranaje que marca los cambios de estación. Con la primavera se cambia de ciclo natural, ciclos interdependientes cuyo discurrir habitual se ve cada vez más alterado por el cambio climático.
En la primavera ocurre un proceso vital para el campo y el mantenimiento de los ecosistemas: la polinización. Más allá de la impresionante belleza de campos y praderas coloreados por las flores, la diversidad floral es clave para la sostenibilidad y la biodiversidad vegetal.
Este proceso está cada vez más amenazado por el uso de pesticidas, la reducción de los hábitats naturales y la simplificación de los paisajes, entre otras causas, por los monocultivos.
El cambio climático es también un elemento que introduce factores desestabilizadores en todo este proceso.
Por eso en Orekan llevamos a cabo una labor vital para la conservación y recuperación de la flora autóctona en los prados de Navarra.
Un trabajo centrado especialmente en los prados de siega de alto valor natural, cada vez más escasos en nuestro territorio, y que destacan por su extraordinaria diversidad florística: ese colorido vibrante que cada primavera transforma el paisaje navarro en algo difícilmente olvidable.
Prados íntimamente ligados a los manejos tradicionales de la ganadería extensiva, donde conviven flores, fauna, setos, árboles aislados, zonas húmedas y bordas de piedra que nos recuerdan que el paisaje que conocemos no es solo naturaleza: es también historia, cultura y trabajo ganadero acumulado durante generaciones.

Foto: Una técnica de Orekan imparte formación sobre prados de AVN a personal ganadero en Garralda. Imagen: Orekan. Gestión Ambiental de Navarra.
Orekan trabaja desde la convicción de que biodiversidad y actividad agroganadera no son conceptos opuestos, sino interdependientes. Buena parte de la flora y la fauna silvestres de Navarra dependen, en realidad, del trabajo de quienes se dedican a la agricultura y la ganadería. Por eso reconstruir esas relaciones ecosistémicas —proteger los hábitats que alimentan a los insectos polinizadores, con las abejas a la cabeza— es también cuidar los suelos, las cosechas y, en definitiva, la cadena que sostiene la vida en este territorio, en Navarra.